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Recordad leer antes de ir a dormir.

Recordad leer antes de ir a dormir.
Y si os gusta escribir, también.

Corre caballito de Marijose.-

lunes, 17 de febrero de 2014

El Gigante Botafuegos

 Hace tantos años, que ya nadie recuerda cuando, empezaron a llegar a la Ciudad de Madrid, noticias sobre un gran gigante que vivía en un pequeño monte entre una pequeña aldea y el mar.

En aquellos tiempos los barcos apenas cruzaban el estrecho de Gibraltar, así lo llamaban, el punto por donde se navegaba desde un lugar llamado Algeciras, aunque tal vez si decimos Cádiz os suene a los más mayores haberlo oído nombrar, o incluso hayáis estado en la playa por allí..hasta otro lugar llamado Ceuta.

Preguntad a Papa o Mama, donde están estos lugares, seguro que os asombrareis. Están cada uno en una punta y entre medias dos mares que se funden en un profundo abrazo el mar mediterráneo y el mar atlántico.

Pero !OJo! pertenecen al mismo país.

Pues bien, Como iba diciendo, en aquella época los periódicos eran escasos y la mayor parte de las comunicaciones entre personas eran por teléfono, pero pocas,  y lo realmente divertido era escuchar la radio toda la familia juntos.

Así que hubo mucho, tal vez demasiado tiempo en que nadie supo nada del Gigante Botafuegos.

En aquella aldea hoy una gran ciudad, vivían muchos niños como tú, que soñaban todos los días del año con la visita de alguien muy especial cada invierno, cuando el viento soplaba fuerte, muy frío, y a penas había suficiente carbón, o leña en la casa para encender la chimenea.  

Sólo entonces el calor del sueño les hacía mantener la ilusión. Cada noche del 5 de enero los reyes magos hacían un largo viaje y en su camino dejaban juguetes a aquellos niños que se habían portado bien.

No soñaban con comida que en aquellos tiempos escaseaba, ¡no! soñaban con un pequeño juguete, de madera posiblemente, de cartón quizás, hecho con cariño con las manos rudas de los reyes, pero que alegraban la vida de aquellos pequeños.

De repente un día  se levantaron y no encontraron nada junto al hogar (la chimenea, para los más peques) y el disgusto claro, fue enorme. 

No entendían que había podido ocurrir, hasta que salieron a la puerta de sus casas y un poco asustados llamaron a los mayores, algo muy muy malo debía haber ocurrido. El cielo no se veía, el resto de las casas habían desaparecido, ni tan siquiera el mar, sólo sabían que allí estaba por el ruido de las olas al chocar en la bahía.

Los padres enseguida se dieron cuenta de que aquello solo podía ser humo o niebla. Algunas veces había ocurrido el mar y el viento empujaban la niebla, las nubes y era difícil ver nada, pero nunca como aquel día.

Fue un niño pelirrojo con graciosas pecas en las mejillas y ojillos traviesos, quien entonces dijo: huelo a humo mama, es como cuando encendemos la chimenea.  ! Fuego hay fuego! gritaron algunos más.

Tardó varios días en desaparecer aquella tremenda humareda y entonces decidieron subir al monte para investigar que había ocurrido realmente allí.

Se llevaron, ¡sí!, una desagradable sorpresa, presas del pánico corrían montaña abajo cuando vieron un gigante, sí, eso es, un gran gigante como el del cuento de las habichuelas mágicas, si no lo conocéis, decid a vuestros papas que os lo lean.

Nadie volvió a subir en mucho tiempo a aquel lugar, pero todos entendieron lo que había ocurrido. 

Los niños curiosos se asomaban a ver y pronto descubrieron que era gruñón y desagradable, odiaba la alegría y el ruido y no podía soportar la felicidad en que la aldea se sumía los días de navidad.

                                                                              
Cuando estaba cerca el día de Reyes encendía una gran hoguera, prendiéndose la mayor parte del monte, siendo tal la humareda que desprendía que parecía una espesa niebla que cubría el cielo y llegaba hasta el mar.

Las luces de las casas no podían vislumbrarse  desde el cielo y los Reyes magos pasaban aquella noche justo encima sin saber que allí había muchos niños esperándoles.

Muchos años después el hijo de aquel niño pelirrojo,  decidió que aquello no podía volver a suceder más y se juntaron todos los niños y niñas del lugar,  y cogiendo todos los cacharros que encontraron en sus casas, cacerolas, tapas, palos, empezaron a dar golpes y arrastrar todo por el suelo, hicieron tanto ruido que consiguieron asustar y ahuyentar al malvado gigante Botafuegos y desde entonces, ninguna casa de aquella ciudad, volvió a quedarse triste ni decepcionada, recibiendo los juguetes de sus queridos Reyes Magos de Oriente.


 María José Luque Fernández.

 P.D.: Nos remontamos mucho tiempo atrás, en la España de aldeas, donde la gente vivía de los montes y del mar. Donde la gente pobre sin recursos hacía uso de historias para explicar sucesos o injusticias y terminaban convirtiéndose  en leyendas transmitidas de abuelos a nietos. Su origen es una linda leyenda de Algeciras, donde cada cinco de enero los niños preparan latas y cuerdas y salen a la calle a realizar el "Arrastre" mucho ruido para reclamar la atención de los Reyes Magos de Oriente.



lunes, 10 de febrero de 2014

Ernestina


En el rico fondo del mar vivía un pez payaso que cierta noche no podía dormir.
Salió de su casita camuflada por los corales de bellos colores y paseó tranquilamente sin pensar que la noche no era el mejor momento para hacerlo. Podía encontrarse con curiosos individuos de hábitos nocturnos.
Ernestina que así se llama el pez, pensó que tal vez si llenaba su barriguita podría conseguir dormir.
Cuando llevaba unos minutos nadando oyó una vocecita que le decía. ¿Dónde vas Ernestina a estas horas de la noche?
Ernestina miró y no vió a nadie y casi se asustó. Pero de repente  de debajo de la tierra, escondido como estaba, salió el  señor Cangrejo. No puedo dormir y tengo un poco de hambre. 

Daré un paseo le  dijo a Ernestina.


El señor Cangrejo pregunto. ¿Puedo acompañarte? Ya sabes que yo como por la noche, voy a buscar algún suculento bocado. ¿Puedo ir contigo? Y juntos siguieron el camino.
A los pocos minutos se  oyó otra voz que dijó: ¿Dónde van mis amigos a estas horas de la noche?
Vamos de paseo, yo no podía dormir y me entró un poco de hambre y el señor Cangrejo tampoco cenó aún. Dijó Ernestina.
El caballito de mar se unió al grupo y sin darse cuenta en un momento  llegaron hasta los acantilados de aguas profundas.
El señor  Cangrejo, exclamó:  “ yo ya estoy lleno y regreso a casa. "Tengo bastante sueño”.  El caballito dijó : “ Yo también iré a dormir". ¿Qué harás  tu?”.- Pregunto a Ernestina.
Iré un poquito más lejos, aún no tengo sueño y entonces. …
Ernestina  vió una ostra gigante y al pasar junto a ella se abrió y Ernestina no pudo evitar comerse su contenido, que sabroso estaba.
Ahora sí podía volver a casa. Se echó a dormir pero al rato algo le molestaba en la barriguita.
No sabía que podía ser. ¿Le habría sentado mal  la ostra?
Algo se movía dentro de él. Escuchó como una vocecita que decía “mama”,  “mama”.
 Ernestina se dió cuenta de lo que había pasado y rápidamente se dirigió a las aguas profundas.
Allí estaba la gran ostra,  triste, abierta de par en par.
Ernestina  se  puso a pensar cómo haría para sacar al pequeñín de su tripita, pero nada se le ocurría.
Entonces apareció un boqueroncito y le preguntó qué ocurría.
Al saberlo, decidió que la mejor manera era entrar por su boca dentro de la tripita de Ernestina y una vez allí dentro, hacerle cosquillas con su cola, empezaría a reírse, y al abrir la boca saldría todo el contenido de su tripita, incluido el bebe ostra.
Y así sucedió y en cuanto abrió la boca, bebe volvió con mama ostra que rápidamente se cerró para evitar cualquier otro susto.
Ahora si,  Ernestina  tenía mucho,  mucho,  mucho sueño. 

Era hora de irse a dormir.


María José Luque Fernández.

domingo, 9 de febrero de 2014

S.0.S. PLANETA TIERRA





Había una vez una niña que se encontraba de vacaciones en un lugar llamado Playa Paraíso, le gustaba mucho nadar y siempre estaba en remojo. Le decían los mayores, que le iban a crecer aletas.

Un día estaba buceando cuando le pareció ver una cola de pez con una forma muy extraña, miró atentamente y cuál fue su sorpresa, cuando descubrió una sirenita.
La sirenita le tomo la mano y fueron buceando hasta llegar a un mar muy lindo


Corales de vivos colores. Peces de muchas formas y colores.

Diferentes animales marinos, caballitos estrellitas.
La sirenita le preguntó a la niña si aquello le gustaba y la niña, dijo:

Es un verdadero paraíso. Como el nombre de mi playa.
  

La sirenita la tomo la mano nuevamente y fueron buceando  hacía otro lugar totalmente distinto.

Cuando pararon, aquello que veía disgusto enormemente a la niña.

El agua estaba sucia y llena de botellas y plásticos.
  
Olía mal.  Los corales estaban secos.



No había peces ni animales marinos.  Se habían ido o estaban muertos.


La sirenita no necesito preguntar a la niña cómo se sentía.
La tomo de la mano y la llevo nuevamente a la playa.
 Se despidió de ella y le dijo:

“Cuenta a todos lo que has visto, pídele a la gente que cambie  ó el mar desaparecerá,  pero también lo harán vuestras casas, vuestro planeta, todo vuestro mundo".

La niña se lo conto a muchos niños,  los niños a sus papas y sus papas a otros mayores y así entre todos, consiguieron cambiar la vida de nuestro planeta.