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Recordad leer antes de ir a dormir.

Recordad leer antes de ir a dormir.
Y si os gusta escribir, también.

Corre caballito de Marijose.-

jueves, 25 de diciembre de 2014

Las Aventuras de Lupa y Skipper







Había una vez un perro que se llamaba Lupa al que le gustaba mucho hacer excursiones. 


Lupa tenía una amiga que se llamaba Skipper  y juntos siempre estaban dispuestos para llevar acabo algunas picias (en el idioma perruno, travesuras).


Aquella tarde Lupa y Skiper se dirigieron hacia los acantilados de la cara oeste de la isla.

Aquel lugar le resultaba especialmente atractivo a Lupa, por sus hermosas cuevas subterráneos en las que el agua tomaba un color verde esmeralda.

Lupa fue el jefe de la expedición, con lo cual iba el primero. Entraron en la cueva y corretearon unos 100 metros por un sendero estrecho que repentinamente se ensanchaba para dar lugar a una amplia sala llena de estalactitas y estalagmitas de bellos colores.

Sintió  skiper frío en el lomo, una gota había ido resbalando desde el techo de la gruta por la estalactita. Que fría estaba ¡Guau ! ladró sorprendida, molesta y casi enfadada.

Skipper  muy serio se volvió y le mando guardar silencio colocándose una patita  en  la boca.

Aquello podía ser peligroso. Había eco y cualquier ruido podría hacer caer alguna de esas grandes piedras que estaban sobres sus cabezas.

Empezaron a  oír  un  ligero murmullo que según avanzaban iba subiendo de tono.

Pasaron un estrecho túnel en el que casi  tuvieron  que ir  tumbados y allí estaba un río submarino.


Su agua era de un color azul brillante.

Por varios agujeros laterales, seguramente hechos por las gaviotas se filtraban los rayos de luz, aquello era  fascinante, pensó  skipper.


Luna metió una patita que rápidamente  saco, al comprobar la fría temperatura del agua.

Siguieron adelante y aquel manantial se ensancho para de pronto volver a estrecharse y desembocar sus aguas en una gran laguna.

La laguna estaba habitada  por lindos peces de colores y los nenúfares reposaban en sus tranquilas aguas.

De pronto Lupa llamo la atención de skipper, un ruido más fuerte sonaba en la gruta siguiente.


Una gran cascada, sin pensárselo  dos veces se metieron en el agua.

Olvidándose de su frialdad, se dejaron llevar por la corriente, cayendo por la cascada, como si fuera un gran tobogán. Y así se les paso el tiempo dejándose deslizar por la cascada.

De repente Lupa se quedo quieta, se asomo a la gruta anterior, donde estaba la laguna y sintió un poco de miedo. La luz que entraba por la gruta era muy tenue, el sol se estaba yendo a dormir.

Lupa se había descuidado mucho, nunca había permanecido tanto tiempo dentro de una cueva, pero se lo estaban pasando tan requetebién.


Regresó hacía donde había dejado a  Skipper,  quien en seguida se dio cuenta  de su preocupación y se pusieron a pensar, en cómo salir de allí.

No podrían volver sobre sus pasos, porque la marea estaba subiendo y pronto inundaría parte de la cueva, no sabían cuanto, pero mejor no quedarse allí para averiguarlo.

Skipper empezó a dar empujones a Lupa con el hocico y le hizo señas para que entrara en la gruta de la laguna. Allí luna  le indicó con una patita los agujeros por donde se colaba la luz, ladro despacio,  suavemente. ¿Serían lo suficientemente grandes para entrar por ellos?

Bueno, habría que intentarlo.

Se pusieron a trepar con mucha rapidez y no tardaron en alcanzar los agujeros, no sin tener algún  que otro traspié.

Salieron a la superficie, se encontraban en lo alto del acantilado.
  
El sol casi estaba ya oculto y debían darse prisa en buscar cobijo para pasar la noche.

Empezaba a notarse mucho frío y se oían algunos ruidos de esos animalillos nocturnos que a skiper ponían los pelos de punta.

Vieron unas piedras, las empujaron con el hocico hasta apilarlas en una especie de pared, colocaron unos matorrales por encima y luego otra piedra, habían construido una especie de cabaña.

Lupa había visto nada más subir unas hojas caídas de los árboles y las recogió, las apilaron y las colocaron en el suelo para no sentir la humedad del frío suelo. Solamente faltaba un detalle.

Una piedra lo suficientemente grande para cubrir la entrada y evitar visitas inesperadas, pero que no encajara perfectamente para que el aire pudiera circular y por tanto poder respirar durante el sueño.


Se tumbaron juntitos para darse calor mutuamente y pronto, sin darse cuenta los despertaron los ardientes rayos del sol al amanecer.

Se despertaron con hambre pues no habían cenado.

Así que echaron una ojeada. Tal vez hubiera algo apetitoso que llevarse a la boca,  Skipper  ladro, había encontrado un dulce desayuno, comieron algunas moras y retomaron el camino de vuelta.

Bajaron de nuevo a la gruta por los agujeros y muy rápidamente, sin parar de trotar, alcanzaron la entrada de la gruta.
  



Se miraron y sonrieron. Lo habían conseguido. 

De allí se fueron derechos a sus casas.
  




Que nuevas aventuras les esperaría.





Autora:   María José Luque Fernández.




miércoles, 24 de diciembre de 2014

Las Cortina Voladora.- Tercer puesto Concurso Literario La Navidad Más Inspirada.




Muchas gracias a los organizadores
 de este Concurso Literario.
Es todo un honor recibir este reconocimiento.- 
Tercer lugar.

Hace algún tiempo, no demasiado, colgada de una ventana, contemplaba el mundo y veía pasar la vida una linda cortina. 

No era una cortina cualquiera, aunque podría ser  la de vuestra habitación perfectamente: rosa con princesas, blanca con platillos volantes, azul con pitufos.... la que vuestra mente sea capaz de imaginarse.


La cortina estaba un poco triste porque soñaba con conocer mundo, en cambio estaba allí colgada de una barra clavada en la pared.

De chiquita, recién puesta le pareció agradable aquel lugar. El ventanal era bastante grande y desde él podía contemplar la plaza donde unos columpios recibían la visita de un montón de niños revoltosos.

Había contemplado con alegría los cambios que se habían ido produciendo en aquella habitación en la que vivía. Durante nueve años su mejor amigo había crecido y ya no usaba pañales. Cuando empezó a caminar torpemente se agarraba de ella con la excusa de no caerse, fue entonces  cuando quedo un poco lesionada y perdió algunos anclajes que nunca fueron sustituidos.


Una mañana  del mes de Diciembre en que soplaba un frío y fuerte viento, mama abrió la ventana, no un poquito, ¡No! De par en par.  Era lindo volver a bailar, sentir como se flotaba en el aire al son de la música.

¡Si! la bella música, los gemidos de los árboles al ser balanceados por el viento, las macetas al crujir, los agujeros de las persianas al ser atravesados por él.

Sin apenas darse cuenta, el viento arreció. Algo increíble estaba por suceder........


El viento la empujó hacia el exterior y ella se dejó  llevar sin más. Sus enganches ya viejos no resistieron la fuerza con que su príncipe el viento la reclamaba y entonces ocurrió.

¡Voló y voló! El viento la llevaba arriba y abajo, mientras ella iba guardando en su memoria todo aquello que iba viendo. No quería parar, por fin había conseguido realizar su sueño, había sido una larga espera.

No podía imaginar nuestra amiga cuantas aventuras la esperaban. De repente el viento paro sin avisar y ella no pudo agarrarse a nada, quedo tirada en el suelo gris, sucio de la carretera. ¡Uy!  ¡Qué miedo!

 
¡Socorro! Grito,  cuando una rueda gigante se le acercó tanto que casi la aplasta, menos mal que en ese momento el viento fue a su encuentro y la hizo subir otra vez hasta el cielo.

Se movía de una forma graciosa, como una cometa con forma de bailarina, ¿Cómo podía gustarle tanto bailar?-pensó.-

 
Sobrevoló grandes autopistas, un pequeño lago, se deslizó como si fuera un tobogán por un arco iris, no sin antes haberse remojado bien en el pequeño chaparrón que había caído. Que divertido era todo aquello.
 
¿Un sembrado? Algo extraño había en el centro. ¡Ojalá mi amigo el viento pudiera acercarme un poquito más para verlo mejor!
 
Y  ¡Zas!  Su deseo se hizo realidad.Pero entonces el viento la volvió a dejar sólita. ¡Puff!  ¿Y ahora qué?

¿Cómo podría soltarse de aquella cosa horrible?, Cortina no sabía que era un espantapájaros. Ahora formaba parte de  él y vaya que sí asustaba a los pájaros, no cabía duda.

La noche llegó y ella iba poniéndose cada vez más nerviosa y triste. Pensó mucho y se dio cuenta de que no tenía que haber sido tan loca.

“La vida a veces hay que tomarla con calma” le decía al  espantapájaros que para su sorpresa también podía hablar.

Princesa, puedes quedarte conmigo, yo te tratare como a una reina, juntos nos haremos compañía y además, ya has aprendido el trabajo.

La  sonrisa de cortina desapareció y en su lugar unas lágrimas rodaron y mientras sollozaba el viento llegó y sin dudarlo la llevó en sus dulces brazos hasta un lugar muy conocido por  nuestra aventurera amiga.

 
Ahora se sentía segura y contenta había visto mundo, pero de momento,  por un largo tiempo prefería quedarse en casita, tranquila disfrutando de sus hermosas vistas.

Pasaron algunos años y todo siguió cambiando y cortina se quedó allí esperando, quien sabe si a ti, para cumplir otro lindo sueño.

Autora: María José Luque Fernández

lunes, 24 de noviembre de 2014

Una gatita llamada Nerea.- !Novedad!! Ya podéis escucharlo, No os lo perdáis.




Ocurrió cierto día que una gatita llamada Nerea salió a pasear y se internó sin darse cuenta pasito a pasito en el bosque cercano a su casita.

Hacía poco tiempo que Nere como la llamaban sus dueños se había mudado a una nueva casa, bastante distante de la anterior y todavía no conocía mucho la zona donde habitaba.


Aquel había sido un día muy aburrido, sus dueños habían estado terminando de ordenar y limpiar la casa. No le gustaban las mudanzas, siempre estorbaba, cajas por medio y ningún lugar tranquilo donde dormir. 

Decidió Nere salir a tomar un rato el aire y vaya, se encontró con un montón de cosas interesantes aunque algunas no demasiado agradables.

Nere era una gatita bonita, su pelo limpio gris perla, andaba con gracia, una patita detrás de la otra, contoneaba la cola con mucha elegancia. Un lazito rosa era la guinda para su aspecto cuidado y perfecto. A Nere no le gustaba nada en absoluto, cuando su dueña se lo colocaba cada mañana, ronroneaba con fuerza negándose, pero no conseguía nada. 
Estaba harta de los lazitos, sin exagerar tenía al menos uno para cada día del mes, distintos colores, muchos diseños. Su ama decía que estaba espectacular, que sabría ella de moda, que llevaba el pelo de color azul eléctrico y unos pantalones vaqueros con agujeros por todas partes.

Pues pasito a pasito sin darse cuenta casi se fue internando en el frondoso bosque, le gustaba, era un lugar tranquilo, sólo se escuchaba el trino de algunos pajarillos y algunas ramas y hojarasca que al pisar con sus patitas crujían. 

Oyó un pequeño murmullo, no sabía bien que podía ser, sin miedo continuó adelante buscando de donde procedía aquel pequeño ruido y de repente lo encontró.  ¡Agua! Tenía sed, que suerte había tenido al encontrar allí aquel agua. 

Nunca había visto tanta agua junta, era más grande que la piscina de su casa, pensó Nere. 

Se acerco con cuidado a beber y sin darse cuenta acabo dentro del río, aunque ella no sabía que aquello era un río. No se percato de que había un pequeño desnivel junto a la orilla que le hizo resbalar y caer.


Salio rápidamente agitando el cuerpo de un lado a otro para secarse, no paraba de maullar, estaba realmente enfadada con el agua, ¡claro!

Menos mal que era verano y hacía calor, sino hubiera cogido un resfriado, con lo molestos que son.


Continúo por el sendero un poco más y de repente se sintió cansada, las patitas le dolían. Llevaba mucho rato caminando. Decidió que era el momento de regresar a casa.

Nerea  volvió sobre sus pasos, pero se encontró con un pequeño gran problema, ¿Cual era el camino hacia casa? ¿Por donde se salía de aquel bosque?

Se empezó a poner un poco nerviosa, no le apetecía pasar la noche en un lugar tan obscuro y solitario como aquel. ¿Porque se le ocurriría ir solo allí? Tenía que haber obedecido a su dueña..- No salgas del Jardín le dijo.- 


Entonces, oyó unos ruidos extraños: Ji, jauuuu, ji  jauuu,  oinc oinc, cooo.. cooo., roo. ccoo". 

Retiró con cuidado unas ramas que tenía delante y les encontró: un burro, un conejo y una gallina, además de un conejo y unas ardillas.

La gallina enseguida reparo en la gata Nerea y se presentó rápidamente: .- Hola soy la gallina Silvia. ¿quién eres tú?.- 

Nere un poco sorprendida aún, casi tartamudeando dijo:.- Soy Nerea.- Y así uno tras otro se fueron presentando al resto de los animales. 

.- Yo soy la burra Enriqueta, Yo la cerda Elvira.- ¿Quieres jugar con nosotros?. 

¿Quieres jugar con nosotros?. Preguntaron casi al mismo tiempo todos.
Nerea les dijo que sí y les contó su pequeño gran problema. No sabía como volver a casa. Ellos le dijeron que no se preocupara, la enseñarían el camino de regreso.


Jugaron un largo rato en que toda clase de ruidos se oyó por el bosque.


Empezó a refrescar, la noche se acercaba, la luz ya casi no entraba en el bosque, así que tocaba recoger y marchar cada uno a su casa.

Acompañaron todos juntos a Nerea y la despidieron hasta pronto, mientras regresaban todos tranquilos a su granja.  

Nerea llegó  a su casa cansada pero feliz por haber encontrado nuevos amigos con quien divertirse, además gracias a ellos estaba sana y salva en el regazo del sofá, frente a la chimenea calentita.

No  dudaba volvería a encontrarse con tan singulares amigos.



Noelía Calvo Luque.-María José Luque Fernández.
Fotografías de internet, Banco gratuito de imágenes.

sábado, 1 de noviembre de 2014

La Maleta Misteriosa

LA  MALETA   MISTERIOSA




Noelia y Javier se han levantado muy temprano esta mañana. Ayer agotados y nerviosos se durmieron muy tarde, estuvieron ayudando a sus papas con los preparativos para el viaje.
Que difícil elección, el jersey amarillo o el rojo, el pantalón con dibujos de piratas o el de trenecitos.
¡Jo! Yo quiero llevarme el puzzle de Mickey Mouse.- No cielo le dice mamá.-  donde vas no te hace falta, apenas tendrás tiempo libre.
¡Mamá! ¿No me aburriré? ¡No cielo!-  le dice Mamá.- Ya veras que divertido, cuando yo era pequeña deseaba que pasara el curso muy rápido para poder ir de campamento.
En la puerta estaban ya todos listos para salir. Papá miraba nervioso a un lado
y a otro.

La maleta, la mochila, el billete de avión. – ¡Vámonos ya!- Exclamó.
En el colegio habían dedicado parte de la mañana anterior a explicarles donde estaba el campamento, como iban a llegar allí, actividades y otros detalles importantes que ninguno debía olvidar.

El punto de encuentro era la mesa de información de las chaquetas verdes en la T4 del Aeropuerto de Madrid/Barajas.
Noelia  se restregaba los ojos, realmente era necesario madrugar tanto, le pregunto a su mamá.
Javier como si fuera un resorte, le dijo.- pareces tonta, ayer explico la maestra que debíamos llegar pronto, pues hay mucha gente que utiliza este medio de transporte y podríamos quedarnos sin asiento.
Eso no va pasar, ¿Verdad?- Papá.

Claro que no. Ahora debemos encontrar los mostradores de facturación de la compañía Iberia con destino a Santander.
Javier  desconcertado pregunto ¿Cómo sabremos donde ir?

Su madre intento explicarle que del techo colgaban unos carteles en los que estaba escrito el número de vuelo y el destino.
 ¡Uy! Donde va mi maleta.- exclama Noelia  con la boca abierta, contemplando
como desaparece de su vista.
La azafata le pregunta si prefiere asiento de ventanilla o de pasillo.
De ventanilla.- grita Noelia,  No quiero perderme nada de nada.
Pero mira que eres tonta .- le dice Javier.-  sólo se ven nubes y más nubes.
Nada de eso, tú si que eres tonto. Quiero ver las montañas y los ríos que hemos estudiado. Las casitas  pequeñas como mis juguetes desde el cielo. Además antes de aterrizar seguro que puedo ver el mar.
Noelia  se da la vuelta buscando un poco desconcertada su maleta, Mamá, ¿donde esta mi maleta?
Pues veras, acaba de comenzar un largo viaje junto con otras maletas.

Baja por un tobogán de esos que a vosotros os gustan tanto y recorren muchos kilómetros en unos laberintos hasta que llegan a la terminal donde esta estacionado nuestro avión.
Allí unos señores las recogen y en unos camiones pequeños son transportadas hasta el avión.

¿Y por que no podemos llevarlas nosotros? Veréis chicos, no hay sitio arriba en el avión para todos. 
Las maletas y las mascotas van en la bodega. Y nuestros asientos están justo encima de ellas.
¡Vaya! Exclamaron los dos niños a la vez.

Se dirigían a la sala de preembarque,  cuando nerviosos empiezan a gritar. ¡Ahí, mira! ¡Que guay! ¿Que es eso? Y justo en el momento en que sus padres se giraban a mirar, era engullida por la rampa.
Sin darles tiempo a reaccionar, echaron a correr,  y fueron a parar al tobogán gigante que su mama había mencionado.

Un poco asustados no podían dejar de reír, aquello giraba y giraba, ahora a la derecha, luego volvía a bajar para girar a la izquierda.
¡OH!  Javier agárrame fuerte, mira que empinado.
¡Pluf!, ¡Plaf!.  Y chocaron contra una hilera de maletas que esperaba ser embarcada en su vuelo.
Miraban a un lado, a otro, por encima, por detrás, nada de nada. ¿Donde podía estar?
Un ruido les sorprendió, un camión repleto de maletas marchaba hacía el avión de rayas color naranja.

 Allí, Noelia, va en  ese camión. Tenemos que alcanzarlo.
 Yo quiero verlo de cerca. Es enorme ¿Verdad? No es como el resto de las maletas ¿Qué será?

Que emocionante, es como en los dibujos, somos los detectives en busca de…. ¿Qué buscamos  Javier?

Calla, deja de decir tonterías y corre, o nunca podremos ver que es.

Con mucha cautela y después de una corta carrera se encaramaron en el camión, entre las maletas, ni siquiera se les podía ver.
Mientras en los mostradores de facturación, un revuelo atroz tenía lugar.
Los preocupados papás no sabían que hacer, Vaya situación.
Los Azafatas avisaron a la Guardia Civil y con ayuda de los perros comenzaron la búsqueda de los muchachos.
Unas puertas se abrieron  sobre sus pequeñas cabezas, sin saber como empujados con la maletas, se encontraron de repente en la tripa del avión. 

¡Uy! Que miedo Javier, ¿Dónde  estamos?
No seas tonta, papá nos explicó que las maletas y las mascotas viajan en la bodega. Pues si no me equivoco ahí estamos. En la bodega.

¡Ohhh!.  Pero esto se mueve, gritaron al unísono los niños. Estamos volando. ¿Será este nuestro avión? ¿Ahora que hacemos?
Ya sé, dijo Javier, muy dispuesto. Hemos llegado hasta aquí para encontrar esa misteriosa maleta ¿No?
Pues, manos a la obra.

Cuantas maletas y cajas hay. ¡Mira! Aquí hay un perrito, mira que pequeño es, está dormidito.

¡Jo!  Me estoy empezando a aburrir. Además tengo mucho sueño.  Los niños utilizaron como colchón una gran maleta de piel roja y después de un corto sueño….

Una sacudida los despertó, ¿Qué ocurre? Yo quiero volver a casa con Mamá.- Javier, tú que eres  tan listo. ¿Cómo volvemos?
Todo irá bien amiguita, ¡uy! otra  sacudida. ¿Qué pasa? ¿Nos vamos a caer?
No, yo creo que estamos aterrizando. Es el mismo movimiento que sale en las películas de aviones  que veo con papá.
Mientras la Guardia Civil había aconsejado a los papás se dividieran para buscar a los chicos, unos en el aeropuerto de origen “Madrid/Barajas” y otros en el de destino “Santander”.
Con más  miedo que vergüenza, los pequeños se dejaron bajar del avión ocultos entre las maletas, no sin llevarse algún que otro golpe.
El camión con muchos baches les condujo hasta la sala de desembarque, allí esperaban los viajeros que llegarán sus maletas.

Unos perros ladraron, habían olfateado algo raro, ¿que sería?

Javier y Noelia, sin  saber como estaban  girando en una especie de escalextri,  y ante sus  ojos…….
La gente perpleja murmuraba, algunos sonreían, ¿que estaba ocurriendo allí?

Los perros se abalanzaron sobre ellos, y los tumbaron en la cinta transportadora. 

No podían moverse.  Javier, que se escapa,  ahí se va nuestro misterio.

Javier tiro del rabo de  uno de los perros y hecho a correr.
Noelia le puso el asa de  una maleta en la boca al otro perro y enseguida le alcanzo.
Aquello daba vueltas y más vueltas. La gente chillaba. Javier,  creo haber escuchado a tu madre gritar.  No puede ser tonta. No saben donde estamos.

¡Por fin! Os cogí, exclamo uno de los guardias civiles del aeropuerto.
Les agarró con fuerza, uno en cada mano, y los condujo hasta la madre de Javier.  ¿Son estos sus hijos? Sí claro, exclamo contenta y sorprendida.
¡Menuda habéis liado! Sabéis que os podía haber pasado algo grave.- exclamo el Guardia.
¿Grave como qué?  No hemos hecho nada.

Papá, el tobogán era enorme y muy divertido, menuda galleta nos dimos contra las maletas.
Y no veas que baches en el camión. Contaba toda emocionada Noelia.
Pero Mamá dijo Javier, en tono disgustado. Nuestro misterio. Ya no esta. Nunca sabremos que era….


Unas ruedas de carrito portaequipajes sonaron tras ellos. Se giraron y allí
estaba. Se acercaron corriendo a la señora que portaba el carrito. Era una joven muchacha que no pudo evitar mostrar su mejor sonrisa cuando los niños se acercaron, riendo nerviosos.
La muchacha descubrió su misterioso equipaje.
Y lo toco para ellos.
Allí en medio de la sala de desembarque, en el aeropuerto de Santander, una linda melodía ponía fin a tanta intriga. Sus blancas y finas cuerdas hicieron callar toda la algarabía que existía en el lugar.      ¡Un Arpa! 



Autora: María José  Luque  Fernández.
Fotografías Internet. Si algún autor no estuviera de acuerdo, no tiene más que solicitar su retirada.